A pesar de la sostenida reducción de tasas a la que se viene animando el BCRA (ayer, la Leliq promedió 48,824%), las colocaciones a plazo en pesos sostienen un buen ritmo de expansión. En rigor, según un informe de LCG, crecieron 8,5% mensual en enero (+66% interanual) y, si bien la estacionalidad positiva por cobro de aguinaldo ayuda, “parece bastante evidente que sostienen la confianza en que el BCRA pueda mantener planchado el dólar”.

 

Así, desde el inicio del Programa Monetario acordado con el FMI, allá por octubre de 2018, las tenencias de plazo fijos aumentaron 24% interanual en términos reales, liderada sobre todo por el segmento mayorista (+41%) dado que los minoristas crecieron en una proporción mucho menor (+6%).

 

“Otro punto interesante para señalar es el repunte de las colocaciones a plazos intermedios, que refuerza la expectativa de un dólar planchado en los próximos meses: desde octubre, tanto las colocaciones hasta 90 días como las de a 1.802 días crecen por encima de la inflación”, dice LCG.

 

En cambio, desde Adeba, destacaron un dato distinto. “Gran parte de estos depósitos están colocados en los plazos más cortos. En efecto, el 63% de los depósitos a plazo fueron colocados por un plazo de 30 a 59 días, 15% de los mismos fueron depositados por un lapso de entre 60 y 89 días, y otro 15% entre 90 y 179 días. Tan sólo el 7% restante fue colocado por un plazo de más de 180 días”, dijo la entidad en un comunicado y agregó que eso podría ir mejorando con la implementación de la Comunicación “A” 6.616 del BCRA.

 

En enero, los depósitos a plazo fijo registraron un crecimiento del 9,4% mensual, acumulando cuatro meses consecutivos de subas sobre la inflación según Adeba.

 

La contracara de las elevadas tasas que impulsan las colocaciones en pesos es el desplome del crédito, dice LCG. “En 2018 alcanzó los niveles más bajos desde 2010: apenas 10,8% del PIB. Aunque este no es el único factor que afecta a la demanda de crédito (la recesión económica sin dudas juega un rol preponderante) los préstamos en pesos al sector privado retrocedieron 1,2% mensual en enero. En términos interanuales apenas 14,3%, que, descontando la inflación interanual de ese período, redundó en una baja real de 23%, superando las contracciones vistas en las recesiones de 2016 y 2014”, indicó LCG.

 

Las empresas son las que más sufren las restricciones del crédito. En enero, los adelantos cayeron 7,6% mensual y los documentos, 4,5%. En la comparación interanual cae, incluso en términos nominales, nada menos que 5,8%.

 

Los préstamos con garantía real, el pilar del crédito durante 2017, cayeron 0,2% mensual en enero, contrastando con el crecimiento mensual del 7% que mostró en los mejores meses de 2017.

 

Por último, el financiamiento al consumo apenas avanzó 0,5% (personales , -0,7% y tarjetas de crédito, +1,8%).

 

“Esperamos que la recuperación de la demanda de crédito surja en el segundo trimestre de la mano de una actividad recuperándose y tasas reales positivas pero en niveles razonables”, indicaron en LCG.

 

A fin de que este crecimiento en los depósitos se vea reflejado en el nivel de préstamos, dijo Adeba, es condición necesaria que las principales variables económicas se estabilicen. “Es decir, el tipo de cambio estable, inflación desacelerándose y generando espacio para que las tasas de interés sigan bajando. A su vez, para incrementar la capacidad prestable (depósitos menos encajes) las tasas de efectivo mínimo deberían volver a los niveles anteriores a la crisis. A modo de ejemplo, a comienzos de 2018 las tasas de efectivo mínimo para depósitos a la vista se ubicaban en 20% y las colocaciones a plazo residual menores a 30 días en 14%”, dijeron y concluyeron: “El sistema financiero está preparado para seguir siendo un motor fundamental de la economía, si se dan las condiciones financieras y macroeconómicas adecuadas”.

 

 

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Fuente: El Economista >> lea el artículo original