«Boticaria García» es el nombre con el que se conoce popularmente a Marián García.
Ella es Doctora en Farmacia, graduada en Nutrición Humana y Dietética y en Óptica y Optometría y hace unos años, harta de escuchar esa manida frase de «he leído en Internet que...» decidió hace años luchar contra el«Doctor Google» con sus mismas armas: abriendoel blog de la Boticaria García.
En él comenzó explicando periódicamente y de un modo sencillo cuestiones relacionadas con la salud y la nutrición y ahora es una de las divulgadoras más respetadas de la Red (a día de hoy, más de 26.300 seguidores enTwitter, más de 70.000 enInstagram y más de 23.000 enFacebook).

Cuenta con emoción que antes sus padres, que también son farmacéuticos, tenían que divulgar información de salud dando cursos o charlas en asociaciones de amas de casas o jubilados, en colegios y en institutos.
Ahora las redes sociales permiten llegar a mucha más gente con el mismo esfuerzo.
«El impacto es mucho mayor, pero ese acceso a todo tipo de información también puede ser un arma de doble filo, pues algunas personas prefieren seguir a fuentes que no son rigurosas», explica.

Autora de «El paciente impaciente» y «El moco radiactivo», Marián García confiesa que no es fácil medir la tarea que los divulgadores científicos están haciendo a través de las redes sociales y de Internet.
Sin embargo, está convencida de que, gracias a esta labor, las sociedades científicas han tenido que dar explicaciones sobre sus acuerdos de dudosa ética con la industria.
«No somos censuradores, ni unos acusicas, solo señalamos cuáles son las malas prácticas pues merecemos autoridades y centros rigurosos que estén libres de todo lo que huela a pseudociencias y pseudoterapias», aclara.

El efecto de las vacunas, un bulo grave

Uno de los bulos sobre información de salud que le parece más grave es aquel que relaciona las vacunas con determinados perjuicios para la salud.
«Se ha llegado a decir que contienen mercurio e incluso que provocan autismo, pero no existe ninguna evidencia científica que demuestre que las vacunas afectan al desarrollo neurológico», explica.
Así, la experta aclara que una vacuna puede provocar una reacción alérgica o una inflamación puntual de la zona, pero no provoca ninguno de los efectos que recogen algunos de los bulos más flagrantes que circulan sobre ellas.

La influencia de este tipo de informaciones falsas es preocupante porque, según explica la Boticaria García, la tasa de vacunación está disminuyendo en España y enfermedades como por ejemplo el sarampión, que casi lo habíamos olvidado, está empezando a resurgir.
«En España la vacunación no es obligatoria y no digo que deba serlo, solo explico que debe haber una responsabilidad en este sentido porque si dejas de vacunarte a ti o a tus hijos no sólo ponéis en riesgo a vuestra familia, sino también a aquellas personas que puedan ser más vulnerables», explica.

Alerta sobre el uso del MMS

Otro bulo sobre salud que le parece flagrante es la información relacionada con el MMS, una «especie de lejía diluída que tú mismo puedes preparar en casa y a la que algunos indocumentados atribuyen todo tipo de propiedades y bondades», según describe García.
Lo más preocupante, según explica la doctora en Farmacia, es que las personas que venden los supuestos beneficios del uso del MMS suelen dirigirse a pacientes con enfermedades de difícil curación como la artritis o el cáncer.
«Se aprovechan del hecho de que los afectados sufren dolores difíciles o que se encuentran en una situación desesperada que hace que se agarren a un clavo ardiendo para curarse», comenta.

En este sentido, la experta afirma que además de ser un engaño puede afectar aún más al paciente si además éste decide sustituir el tratamiento médico por este tipo de pseudoterapias.

Pulso a las pseudoterapias «sacadineros»

Otros bulos que denuncia la Boticaria García están más relacionados con el bienestar que con la salud y, aunque no son graves, sí que son preocupantes.
Uno de ellos es el «cupping» o tratamientos con ventosas.
«Hace unos días apareció en televisión un reportaje en el que se hablaba de los beneficios de este tipo de tratamientos que en realidad lo que hacen es succionar la piel.
Llegaron a decir que la piel estaba oscura porque el aparato extraía las toxinas, pero en realidad lo que provoca son moratones debidos a la succión», argumenta la experta.

La haloterapia o las cuevas de sal es otra de las soluciones «mágicas» que se vende sin ninguna base científica como solución para enfermedades del sistema respiratorio, la psoriasis, el ancé, la otitis, el estrés y hasta el cansancio.
«El abanico de soluciones que supuestamente aporta es tan amplio que podría valer casi para cualquier cosa y este tipo de cosas se venden fácilmente, pero no están reconocidas por la medicina y los escasos estudios que existen sobre el tema son dudosos, pues los investigadores principales son los directores de asociaciones de esa disciplina», explica.

La alimentación, en el ojo del huracán

En el ámbito de la nutrición, los bulos afloran con facilidad y con frecuencia, según explica la Boticaria García.
Así, afirma que aunque el gluten parece haberse convertido en el nuevo anticristo no existen evidencias científicas que confirmen que una persona sana tenga que dejar de consumir un alimento con gluten (muy distinto sería si es celíaco o si tiene una intolerancia diagnosticada).
«Esto puede hacer que algunas personas dejen de consumir cereales como el trigo, la espelta y el centeno porque tienen gluten y los llegen a sustituir por otros que no tienen por qué ser mejores», señala.

Y algo parecido sucede con la lactosa pues aunque la doctora explica que es cierto que en España existe una prevalencia de la intolerancia a la lactosa cercana al 30%, aquellas personas que no son intolerantes no tienen por qué creer que los productos sin lactosa son mejores para su salud.

En cuanto al azúcar, está convencida de que la mayoría de la población no sabe cuál es la cantidad de azúcar que puede llegar a comer cada día, ni tampoco las diferencias que existen entre las declaraciones nutricionales de los alimentos del tipo «sin azúcar», «sin azúcares añadidos», «fuente de fibra», «alto en fibra»...
A su juicio, la industria alimentaria juega con los límites de la legislación por lo que en la mayoría de los productos no se puede hablar ni de fraudes, ni de timos ni de engaños.
Por eso considera que la ley debería ser más restrictiva para no permitir que se hicieran determinadas alegaciones o para que, por ejemplo, no se pusiera una fotografía de una fresa gigante en un yogur que apenas contiene un 3% de esa fruta.

Los «superalimentos» y lo «detox», modas absurdas

Por último se refiere a dos «modas» relacionadas con la nutrición: la de los «superalimentos» y la de los productos detox.
Sobre la primera, alerta de que no solo no existen evidencias científicas de los supuestos poderes curativos de algunos de ellos, sino que además tenemos a nuestro alcance otros muchos alimentos cultivados en España con los mismos o más beneficios que estos superalimentos, cuya producción genera problemas de sostenibilidad y que además son más caros.

En cuanto a todo lo que se vende con la palabra «detox» la divulgdora tiene claro que, si en realidad estuviéramos intoxicados nos tendrían que ingresar en un hospital y ponernos un tratamiento específico.
«Nuestro cuerpo y nuestros órganos (hígado, pulmones, riñones, intestinos...) se bastan para eliminar todo lo que nos sobra, por lo que los conceptos detoxificar o depurar el organismo no tienen sentido», aclara.

Sobre la existencia de bulos sobre salud, la experta da un consejo: «Nuestra capacidad de querer creer es asombrosa, pero debe serlo más nuestra capacidad de querer saber», concluye.

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Fuente: ABC.es >> lea el artículo original