En EE.UU. hay una frase sabia: “Esperá lo mejor, pero prepárate para lo peor”. Sirve para no quedar en offside si “lo mejor” no es lo que termina deparando la realidad. Algo así se siente entre algunos empresarios vernáculos. Más allá de estar (muy) disconformes con el Gobierno, siguen pensando que es la mejor opción para Argentina y su expectativa (se irá escuchando cada vez más) es que Mauricio Macri sea reelecto.

 

Sin embargo, eso está cada vez menos garantizado y la probabilidad de un regreso del kirchnerismo es una opción cierta (y temible, según la mayoría de los hombres y mujeres de negocios). Por eso, se están “preparando”. Algunos, por cierto. Otros, por cierto, que son minoría aún, alientan el “vamos a volver”. Más allá de ellos, la actitud más ambiciosa es tratar de tender puentes con el universo kirchnerista (para ver qué harían si tuvieran un nuevo mandata y ajustar sus estrategias) y otros, simplemente, “desensillando hasta que aclare”, es decir, wait-and-see en sus planes hasta que pasen las elecciones.

 

Ayer, el consultor Federico Muñoz (para quien un regreso de Cristina tiene 20% de chances) emitió un informe que va un poco más allá. '¿Y si gana Cristina?”, es el título del ejercicio hipotético (y ciertamente crítico) que hace. Antes de que gane, dice Muñoz, su acercamiento ya se sentirá. “La transición y el eventual traspaso de mando estarían signados por un clima de enorme tensión financiera y creemos que en diciembre el dólar podría llegar a valer $60 y el riesgo país treparía a no menos de 1.000 puntos básicos”, escribe Muñoz. Además, caería el roll-over de Letes y Lecap y, así, “el programa financiero 2020 se volvería bastante más exigente, y el Gobierno electo debería realizar mayores esfuerzos de seducción para conseguir los fondos necesarios en el mercado”. Allí, Cristina tendría su primera bifurcada, dice Muñoz. ¿Haría esfuerzos para recuperar el favor de los mercados y conseguir acceso a financiamiento voluntario o confirmaría los temores de los inversores y optaría por una vía heterodoxa y rupturista (lo que implicaría ir rápidamente a una reestructuración o default de la deuda)?

 

Según Muñoz, hay elementos para creer que Cristina podría llegar más “racional” en el terreno económico. Como Juan D. Perón en los ’70, hecha una leona herbívora. Un primer elemento, dice, es que las Macrinomics, luego del trabajo sucio del cuatrienio 2016-2019, podrían redundar en crecimiento. “No debieran faltar economistas que le expliquen este escenario a la Presidenta electa. Si Cristina lo entiende, designa un equipo económico razonable y se somete a un manejo macro racional y austero, acaso tenga chances (aunque no la certeza) de capitalizar esta herencia virtuosa y embarcar la economía en un sendero de crecimiento”, dice Muñoz.

 

El default, dice Muñoz, es una mala opción. “El alivio fiscal al que podría aspirar con una reducción en la carga de la deuda no compensaría el costo en renovada incertidumbre y destrucción de riqueza derivado de la exacerbada convulsión financiera y una nueva ruptura de las reglas de juego”, agrega.

 

A su vez, el contexto regional ya no inspira para ensayos heterodoxos. El dream-team bolivariano de la primera década del Siglo XX está desarticulado: sólo quedan Evo Morales y Nicolás Maduro, aunque no por mucho tiempo más. Es decir, no tendría aliados y, eventualmente, financistas. ¿China y Rusia? Difícil. “En caso de insistir en el populismo, Cristina volvería a quedar a contramano de casi todo el mundo y muy aislada, inclusive en el plano regional”, dice Muñoz.

 

Por supuesto, eso es lo lógico y también hay, dice Muñoz, razones para creer que insistirá con las viejas recetas. La ausencia de autocríticas es una señal alusiva en ese sentido y algunas iniciativas o votaciones en el Congreso (por ejemplo, la retracción de las tarifas), también. Además, deberá diferenciarse de Macri de alguna manera y, fiel a su lógica, construir enemigos. El FMI es casi perfecto. Políticamente hablando.

 

Spoilert alert: ninguna vía funcionaría. “Si optara por la continuidad del estilo de gestión que la caracterizó hasta 2015, no es difícil imaginar la secuencia de acontecimientos que conduciría a una nueva crisis. La tensión financiera de la transición no se aplacaría; con la escalada del dólar sufriríamos un nuevo desanclaje de las variables nominales y una fuerte aceleración de la inflación. En un contexto de furiosa redolarización de carteras, las autoridades seguramente recurrirían una vez más al cepo cambiario. El control de capitales quizás pondría una pausa temporaria en las turbulencias pero desaparecería toda chance de ingresar en un sendero de crecimiento. La degradación de la situación económica tomaría entonces la forma de una progresiva debacle con reminiscencias venezolanas”, dice Muñoz.

 

Pero la vía market-friendly también naufragaría. En primer lugar, porque su apuesta ortodoxa carecería de convicción y credibilidad y,en segunda instancia, dice Muñoz, “porque creemos que el mercado tampoco daría fácilmente un voto de confianza a Cristina aún cuando (supuesto fuerte) haga un esfuerzo persuasivo sincero”.

 

Como conclusión, Muñoz dice: “No hay ninguna garantía de que la economía prospere a partir de 2020 si en octubre vencen Macri, (Roberto) Lavagna o (Juan Manuel) Urtubey, pero tenemos la íntima convicción de que una nueva presidencia de Cristina nos condenaría a una fase depresiva de enorme severidad”. Por último, una advertencia para inversores: “Con los activos financieros argentinos embarcados en un notable rally desde comienzos de 2019, nos preguntamos si el mercado acaso no estará subestimando las chances (bajas, pero no despreciables) de que se concrete un regreso triunfal de la expresidenta a la Casa Rosada”.

 

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Fuente: El Economista >> lea el artículo original