Foto: José Manuel Correa

Nadie puede dudar de la profesionalidad y calidad humana de los médicos cubanos.
Mucho menos de su sensibilidad.
Por eso hay frases que les resultan obligadas cuando algún periodista los interpela a su llegada y les roba unos minutos para tomar declaraciones de primera mano, porque no solo compañeros y familiares merecen conocer sus impresiones.

«En Brasil dejé mi corazón».
Es una de las expresiones que con voz pausada y una sonrisa de cierta congoja nos ofrece la doctora Yanet Ramírez Concepción, quien durante un año y seis meses laboró incansablemente en el municipio de Veiras, en el estado de Minas Gerais, encargada de una población cercana a los 3 700 habitantes.

«El pueblo brasileño en general es muy acogedor y amistoso, y se crea empatía fácilmente.
Por eso fue más dolorosa la partida, muchos lloraban porque nos íbamos.
Ahora esa población quedó prácticamente desatendida, porque el médico brasileño allí asignado va una o dos veces a la semana y trabaja una hora.
Yo consultaba cada día entre 30 y 35 personas y dedicaba ocho horas al estudio, como teníamos establecido.

«Durante las horas que mediaron entre la comunicación de que regresábamos a Cuba, los preparativos y la partida, me impactó en particular que las hermanas de una paciente que atendía por enfisema pulmonar me abrazaran fuerte y dijeran: doctora, doctora, ya no tendremos otro médico que nos cure.
Y me asombré porque nunca habían sido tan efusivas.
Se quedaron muy tristes y nosotros también lo estamos, porque la salud no se le debe negar a nadie.

«Pero resultan inadmisibles las bochornosas y difamatorias expresiones del presidente Bolsonaro hacia los médicos cubanos y nuestro país.
Cuestionando la profesionalidad, diciendo que no éramos médicos sino infiltrados.
Esas palabras indignaron a todos y la respuesta fue acoger la declaración del Ministerio de Salud Pública».

Antes de darle las gracias y unas felicidades para sellar la conversación, no podemos menos que compartir la amplia sonrisa de esta tunera, quien se aleja rumbo al ómnibus que la llevará junto a su mamá y niña de nueve años y «todo el barrio, todo el barrio».